Andrea Cruz Marchant

Coreógrafa y bailarina licenciada en la Universidad de Chile. Andrea Cruz company es el nombre de su actual proyecto en solitario después de trabajar en las últimas dos décadas de la mano de la compañía AuMents. Nos encontramos para conversar en La vinilotecasituada en el número 14 de la calle Argenteria y el 17 de Vidrieria. El sonido de fondo del vinilo nos envuelve en un ambiente cálido. Suena Shiny Happy People de REM.  

 

El movimiento nace de forma natural desde la infancia. ¿Cómo empezó tu necesidad de bailar para después convertirse en tu profesión?

Desde mi infancia estuve relacionada con la danza, la ópera, la poesía, los títeres; escribía y bailaba, mi padre escuchaba ópera, mi tío era tenor, mi padrino intérprete de clásico. Los domingos con mi abuela, mi madre y mi hermana nos íbamos a ver teatro de títeres. Para mi, la danza tiene una relación muy estrecha con la poesía. Una de las actividades que me encantaba de pequeña era el patinaje artístico. Me emocionaba mucho, parece que expresaba algo porque la gente en mi barrio se detenía a mirar la coreografía que hacía en la calle, era una danza que me salía de forma natural. El movimiento siempre ha estado vinculado a mi ser. Mi padre era un buen bailarín de cumbia, salsa…, mi madre era patosa pero muy divertida. Creo que tengo lo de “teatrera” por parte de mi madre, y por la de mi padre, disfrutar el movimiento. Durante 6 años pertenecí a los Boy Scouts, donde viví experiencias muy hermosas porque teníamos la posibilidad de expresarnos artísticamente. De allí salió mi grupo amigas, que después nos hemos dedicado al mundo del arte en diferentes manifestaciones. A los 20 años entré en la facultad de Artes de la Universidad de Chile, donde cursé una licenciatura en danza. Después de 3 años estuve con la compañía chilena-francesa muy potente el Teatro del Silencio y luego de diversas colaboraciones creamos AuMents con Tomeu Gomila. He bailado desde siempre y espero tener cuerda para rato.

 

¿Por qué danza contemporánea y no clásica?

Después de tomar clases de danza en el colegio te compras las puntas para hacer ballet y te subes en ellas. La danza clásica tienes que practicarla desde pequeñita, yo pedí para ingresar en el conservatorio, pero mi madre trabajaba como profesora y mi padre tampoco tenía tiempo para llevarme, era muy arriesgado para una niña de 7 años ir sola hasta el centro de Santiago de Chile a tomar clases. Puede que hubiese sido bailarina clásica, porque tenía talento, pero el contexto no me dejó.

 

En tu formación podemos encontrar técnicas de danza Butoh. Decía Kazuo Ohno, uno de sus precursores, que el subconsciente es el que marca el ritmo y dicta los movimientos “Es el alma la que baila y el cuerpo le sigue”…

Lo que me conmovió de la danza Butoh fue ver intérpretes tan mayores, personas de unos 80 años bailando. Esta implicación e interpretación observé que no está en la técnica,  sino en el alma que danza. Aunque es compleja y dura físicamente, no es esquemática, que normalmente es lo que pasa con otras técnicas. En la danza Butoh tú danzas a medida que danza tu edad, danzas con tu vida, tu vida se va movilizando de acuerdo a tu experiencia. La propuesta y su estética onírica, me cautivó. Por eso me identifico con esta danza, porque imagino y siento una emoción y la transmito. Para mi es muy difícil que lo maquille con un movimiento estándar, quiero expresar algo que sale desde lo profundo, no tanto como un esquema sino como algo vívido.

 

Centras tu investigación con la relación que tiene el cuerpo en el espacio y la luz, en la cual, estableces un juego con los objetos. La respiración, el compás, la presencia y las texturas te acompañan para ampliar la dimensión del juego escénico. ¿Son estas interrelaciones las que te proporcionan más herramientas para la creación?

Absolutamente, la luz en sí es movimiento, es vida, y la luz diseñada me interesa porque puedo crear diferentes paisajes y atmósferas con ella. Para mi la luz es magia pura, es importantísima, potencia los cuadros que se crean. Sin embargo, también he experimentado con el espectáculo MaKaM, un trabajo de calle donde trabajamos con la luz del día. Cuando no hay grandes despliegues de luz, simplemente descubres que con el movimiento la magia también está presente, y aún así el espectáculo es hipnótico.

 

Los elementos escenográficos en tus proyectos juegan un papel que va desde lo cotidiano a lo simbólico. ¿Se seleccionan de forma orgánica en el proceso creativo o responden a un plan escenográfico preciso?

He descubierto que trabajo con la intuición, estoy abierta a dejarme seducir por ciertas imágenes, músicas, objetos, vestuarios, etc. Los elementos escenográficos siempre  necesitan instalarse para explicar alguna cosa con la pieza que voy creando, lo cual me parece muy curioso, porque con el tiempo encuentro que este material tiene relaciones y símbolos muy concretos en otros contextos, por ejemplo, en otras culturas y sin saberlo guardan relación con lo que he trabajado en mi espectáculo.  También me pasa con la música, en esta última producción había mucha música barroca, apareció, es como responder a estímulos que me dicen: “¡pum! esto tiene que estar aquí”. Luego lo estudio, lo analizo y cuidadosamente le doy un espacio en la composición de la obra.

 

Colaboras con el Centro de creación EIMA en el área pedagógica y social con personas de la tercera edad. ¿Qué importancia piensas que tiene seguir en contacto con la danza sea cual sea la edad?

Nuestra clase es de estiramientos y movimiento. Cuando trabajamos la libertad del movimiento, la parte creativa, percibo que les encanta, siento que irradian placer, alegría, les sugiero que nos sintamos flexibles como un junco, se entregan. Otro camino muy interesante es el tacto por medio de manipulaciones, una asistencia para profundizar en los estiramientos e ir más allá por medio de presiones. Es algo que te hace pensar que tienes una edad pero tienes que seguir superándote, pasando con conciencia tus límites físicos, que al final son determinantes. También tiene que ver con una relación directa con escuchar el cuerpo y lo que propone el otro.  

 

¿Has trabajado en algún momento dentro del ámbito educativo con la danza?

Es una asignatura pendiente, me lo cuestiono. Tengo la idea de movilizar el aula, respirar desde otro punto, que se muevan, que observen. Hace poco, mi hijo pequeño estaba estudiando inglés y se aburría mucho, entonces le dije: “te voy a decir una palabra y tú tienes que decirla físicamente”, y él iba haciendo los movimientos, entonces se aprende desde una experiencia corporal, no solo es el intelecto que capta información, el cuerpo es experiencia y la experiencia es retenida por la mente. En una ocasión, hice un trabajo sensorial junto a Maud Billén con el curso de mi hijo en infantil. Fue un experimento muy interesante porque en esa ocasión, les hicimos sentir que la clase era un bosque con cascadas, hojas secas, cantos de pájaros, olores de la tierra, un viaje dentro del aula.

 

Parece que como espectadores estamos acostumbrados a tener un papel concreto. ¿Con tu experiencia, piensas que con el tiempo y las diferentes propuestas se ha ido modificando esta posición?

El público es muy variado, no sé si se ha ido modificando, lo que siento es que hay personas que tienen capacidad para asimilar diferentes lenguajes y no les cuesta nada, lo disfrutan. Depende del contexto, si entramos en una sociedad conservadora es más difícil. Recuerdo cuando ví a Pina Bausch con su obra La consagración de la primavera y Cafè Müller en el Liceu de Barcelona, hubo gente  que se levantó escandalizada, se fue y ya estábamos en el 2011. Depende de la información que maneja el público y de su curiosidad. Por otro lado, están los artistas, algunos tienen una tendencia hacia la provocación, otros trabajan con la fantasía, la crudeza o en una línea más conceptual. Ésta es la maravilla del arte, que cada uno tiene un lenguaje y cuando un artista encuentra el suyo, el público puede disfrutar si está abierto a ello. Con relación a la danza, pasa que muchas personas tienen la idea que la danza es moverse de una cierta manera y sacarlos de su esquema les puede sorprender para bien si están abiertos a experimentar nuevas propuestas, o se sentirán defraudados si van con la idea de ver lo mismo de siempre. Y algo muy importante para mi de la calidad de las obras, independiente del formato, es lo que te transmiten y eso creo que trasciende.

 

Las hermanas Verán es tu último proyecto y primero de tu trayectoria en solitario. Acompañada por la bailarina Naroa Galdós, diriges y coreografías con Amelia Llop, la historia de dos hermanas que lo han perdido todo, excepto los recuerdos…

“Verán” futuro de la tercera persona plural del verbo ver, lo que voy a ver. Las hermanas Verán es un proyecto que ya venía desarrollando desde hace tiempo y se concretó en una residencia del C.I.N.E Sineu, allí conocí a Naroa Galdós con la cual comparto escena. Ha sido un placer crear con ella porque es talentosa, tiene madurez y una entereza cautivadora. También ha estado junto a mi Amelia LLop, una gran artista con mucha experiencia y humildad que nos ha enseñado a analizar el movimiento y cuestionarlo, es un lujo tenerla con nosotras.

Las Hermanas Verán reviven y viven de los recuerdos, habla de las relaciones entre dos hermanas donde la mayor quiere transmitir su experiencia a la pequeña y ésta se revela, no quiere. Las experiencias las tenemos que vivir nosotros mismos porque por mucho que tú quieras ahorrarle el dolor a los demás, cada uno tiene que vivir su propio proceso. En la pieza hacemos vivir y bailar animales embalsamados, cráneos, pájaros que llevamos a la vida desde la muerte, el movimiento tiene la capacidad de hacerles revivir. Aquí la relación con la fotografía es la de rescatar el recuerdo, tiempo atrapado, y soltarlo aquí y ahora, para que dance. El amor o el desgarro humano o animal coinciden, placer y dolor como reflexión en la imagen final, un cuadro que puede expresar la belleza de lo muerto, lo herido con la juventud, la desnudez.

 

PalmaDansa es desde hace unos años, un programa municipal consolidado con la etiqueta “La ciutat es mou” “La ciudad se mueve”. El objetivo, según la página del ayuntamiento, es “difundir el trabajo de ciudadanos, estudiantes y colectivos que viven con la danza”. ¿Piensas que es un programa interesante?

Es un programa interesante como festival. Lo ideal sería que tuviera continuidad durante el año. Ahora, en el Teatre Principal, con la dirección de Carles Forteza y Mónica Pérez, hay una presencia de danza de buen nivel, entonces la carencia no es tan fuerte porque hay talleres y vienen diferentes exponentes de la danza. Creo que el Ayuntamiento podría implicarse más, es importante educar a la gente con este tipo de iniciativas, sobre todo si pueden ver espectáculos en la calle, el paseante se sorprende y es atractivo, te deja huella. Sería interesante continuar con micro festivales o ciclos específicos de danza, hacerlo en espacios libres, en diferentes épocas del año.

 

¿Qué implicación y soportes pedirías como creadora a las instituciones culturales?

Les pediría una implicación efectiva, que eduquen a la población, que inviertan en teatro, en cultura, que tenga aprecio por lo que hacemos y lo valoren. Para un artista es difícil llevar adelante un proyecto, tener efectivo, pues te pagan tres meses después de hacer tu actuación y esto es muy poco estimulante. No es llegar y actuar, hay que pagar al equipo que trabaja contigo, los ensayos, las residencias, las actuaciones. Nos ahogan con temas fiscales, tenemos por norma ser empresarios autónomos para poder optar a algunas ayudas. Trabajamos un montón de tiempo antes, hasta poder llegar a producirlo y después, ni te explico. Esta es una problemática que vivimos muchos artistas, España no se escapa a esta deficiencia en el sistema. La cultura es un sello que se vende. Si no, pensar qué es lo que hacemos cuando vamos a otro destino o por qué elegimos un país. Generalmente lo que representa a un país no es tanto su economía, como su poderío natural y cultural. Una reconoce a un país por sus artistas, por su arquitectura, por su música, por su arte.

 

¿Cómo te gustaría terminar esta conversación?

Me encantaría terminar diciéndote que vamos a girar muchísimo por el extranjero con Las hermanas Verán y con el proyecto Tales of the Body. Y que en Mallorca ya tenemos nuevamente las entradas agotadas para nuestra próxima actuación en octubre en Fira B.

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